jueves, 28 de agosto de 2014

Los festejos populares en honor a la Virgen de Consolación en Cartaya: orígenes y evolución histórica

En cinco siglos de historia, mucho ha cambiado la celebración de los cultos en honor a la Virgen de Consolación. Con la pervivencia de unos actos, la institución de otros, o la recuperación de aquellos que en su día se perdieron, siempre han contado con especial arraigo entre los cartayeros, y con el carácter propio de devoción protectora y de extrarradio, orientados hacia la Virgen y su ermita en el campo.

Aunque no hay constancia documental, la dedicación de festejos populares en honor a la Virgen en torno a la celebración de sus cultos posiblemente tenga su origen en el siglo XVII, de forma paralela a la fundación de patronatos y capellanías por cartayeros, y como ocurría por aquel entonces con otras ermitas periféricas y de marcado carácter protector, como la de las Reliquias. Así, en 1667 Tomás Antonio Jurado funda un patronato con procesión, sermón y misa cantada en la Fiesta del Dulce Nombre de María, germen de los cultos que aún son dedicados a la Virgen en el mes de septiembre. Igualmente, de entre las fundaciones particulares constatadas a partir de 1670, destaca la capellanía fundada por Diego Guerrero en la que instituye una Misa Cantada el día de la Asunción, con vísperas el día antes.

Por lo tanto, podemos esbozar una doble celebración de cultos en honor a la Virgen de Consolación ya en el siglo XVII: por una lado los de agosto, el día 15, y por otro los de septiembre, en la Festividad del Dulce Nombre de María, el día 12.

Avanzó el siglo XVIII con la celebración de los cultos en su honor mencionados, y a este siglo corresponden las primeras referencias conservadas en relación a la celebración de festejos populares en honor a la Virgen. Según recoge el libro “La Ermita de Consolación de Cartaya", “el dato más antiguo nos lo proporciona la relación de rentas que el Duque de Béjar percibía de su villa de Cartaya en los primeros años del siglo XVIII, donde aparece la alcabala de la feria de Consolación, extramuros de dicha Villa. Se trataba de un acontecimiento festivo comercial (…). Dicha feria pervivió hasta las cercanías de 1787. Así lo indica el párroco D. Juan Salas y Villar, quien envía una carta sobre la Villa al geógrafo real Tomás López, en la que dice: 

…y al norte, inmediata a la población la (ermita) de Nuestra Señora de Consolación,
 donde el 15 de agosto había hasta ahora pocos años una corta feria o mercado”.

Probablemente esta “feria”, estuviera en relación con el culto instituido desde el siglo anterior el día 15 de agosto. De este modo, los actos celebrados en el siglo XVIII en honor a la Virgen, ya eran acompañados de unos festejos populares en su honor.


Diario de D. Celestino Maestre, Capellan de la Ermita a mediados del siglo XIX,  donde hace referencia a la Romería o Velada de Consolación. Archivo de la Hermandad.

El siglo XIX fue especialmente significativo e importante para la devoción de Consolación. Entrados ya en dicha centuria, la situación cambió con respecto a la anterior, y perdida la celebración de la “feria de agosto”, no sabemos en qué fecha concreta se comenzó a celebrar la Romería de Consolación, como es recogida ya en 1859 por el Capellán de la Ermita, D. Celestino Maestre. Esta romería o velada -como también era conocida-, se celebraba no en torno a la función de agosto, sino en la Fiesta Principal de la Virgen del 12 de septiembre, y hasta hace pocas generaciones permaneció en la memoria colectiva de los cartayeros. Celestino Maestre, presbítero cartayero, impulsor y benefactor de la devoción a la Virgen, menciona que era costeada por el Ayuntamiento, y en ella destacaban los fuegos artificiales y los “puestos de bebidas” situados junto a la Ermita. Es destacable como la celebración de los cultos de septiembre era muy diferente a la actual, y poseía un marcado carácter de fiesta en torno a una devoción no situada en el casco urbano, sino en el campo. Los cartayeros peregrinaban diariamente a la ermita, por aquel entonces en medio del campo, para acudir a la novena que antecedía a la celebración del 12 de septiembre, día en que se celebraba la velada o romería. Como recoge D. Celestino en el libro de cuentas de la ermita, era costumbre acompañar la velada, la víspera, la procesión, e incluso un rosario, con el tamboril y la flauta- o gaita-, para lo cual venían tamborileros de pueblos cercanos como Villablanca, San Bartolomé o Castillejos. Por aquel entonces, la Virgen solo bajaba al pueblo extraordinariamente por rogativas, procesionando alrededor de la Ermita y llegando solo hasta las primeras casa del pueblo, que en aquellos años no se prolongaba más allá del final de la Calle Santa María. Todos estos datos nos hacen establecer un paralelismo con otras devociones cercanas y por todos conocidas que aun hoy mantienen la celebración de unos cultos similares, como por ejemplo Villablanca en honor a la Virgen de la Blanca o La Puebla de Guzmán en honor a la Virgen de la Peña, por citar algunos.

Según diversas fuentes, la celebración de esta romería desapareció a finales del siglo XIX, por la coincidencia con otras fiestas de pueblos cercanos, y muy probablemente también propiciada por el comienzo del traslado anual de la Virgen a la Parroquia para la celebración de los cultos, como manifestación del creciente auge de la devoción producido durante dicho siglo. 


Detalle del Programa de Cultos de 1958. Archivo de la Hermandad

Comenzó entonces, y durante el siglo XX, una nueva etapa de renovación en la celebración de los cultos, con las dos procesiones y la novena en la Parroquia, que aún conservamos. Pero aunque desaparecieron las fiestas de la ermita, no desapareció el carácter festivo de los actos en honor a la Virgen, como recogen las actas de la Hermandad de los años 20 y 30, y los programas de cultos de los años 50. Concretamente, el de 1958 señala como se acompañaba de “Festejos Populares” el día de la Subida, con diana, encuentro futbolístico, concierto de la Banda de Música en la Plaza y fuegos artificiales. 

En esta línea de puesta en valor de su historia y tradiciones, acertadamente la hermandad decidió el pasado año recuperar el antiguo aspecto festivo de los cultos en honor a la Virgen, mirando al pasado pero adaptándolos a la realidad actual, renovándose pero con la esencia de lo que en siglos pasados fueron.

Gonzalo Navarro Ambrojo.

Bibliografia: "La Ermita de Consolación de Cartaya". Asociación Cultural Carteia. Cartaya, 1997.

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